Tic, Tac ...

¡Reloj! Dios espantoso, siniestro e impasible
cuyo dedo amenaza, diciéndonos “¡recuerda!”.
Los vibrantes dolores en tu asustado pecho,
como en una diana pronto se clavarán.
Charles Baudelaire - Las flores del mal
Plegue al cielo que el lector, enardecido y momentáneamente feroz como lo que lee, halle sin desorientarse su abrupto y salvaje sendero por las desoladoras ciénagas de estas páginas sombrías y llenas de veneno.
Isidore Ducasse (Conde de Lautreamont 1846-1870)
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